La nueva España, un puzzle

A la diversidad de acentos y tradiciones que pululan por la España de siempre, se han sumado en los últimos diez años infinidad de olores, sabores, lenguajes, etnias y costumbres que redefinen la demografía y la cultura del país. Son fragmentos de un puzzle que, en cuanto se completa, crece. Al que siempre le falta una pieza.

Talayuela

         Este país, emigrante por tradición, está entendiendo que su explosión económica y la consolidación del estado de bienestar le han convertido en un país receptor. El octavo del mundo, después de Estados Unidos, Canadá, Francia o Alemania. Lo que en principio se entendió como el ingreso de mano de obra para solventar puestos de trabajo sin doliente, se ha convertido en la llegada de seres humanos, que exige la reconfiguración de la sociedad. Las estadísticas oficiales del Ministerio del Trabajo hablan de 3.750.000 extranjeros en situación regular. Consuelo Rumí, Secretaria de Estado de Inmigración ve este fenómeno como un enriquecimiento para el país. “Los inmigrantes son necesarios, lo que hay que hacer es aprender a convivir –-y recalca, convencida–- la integración sólo se logra si participan los que llegan y también los autóctonos”.
         La transversalidad de la inmigración dibuja un panorama mestizo y diverso que desborda todos los ámbitos de la cotidianidad. La escuela, la ciudad, el campo, el cuartel, el hospital, el estadio, el templo  y el ágora, donde se debate y se define la vida pública. El día a día de los nuevos ciudadanos pasa por allí y se cruza con el de los autóctonos para enriquecerse, mezclarse, discutir, enfrentarse… convivir. Una de cada diez personas con la que nos cruzamos en la calle viene de otro país. En su mayoría son marroquíes (625.000), rumanos (505.000) y ecuatorianos (387.000). El 15% de los matrimonios son mixtos y en promedio, el 17,65% de los bebes que nacen en España tienen madre o padre extranjero. Lorenzo Cachón, sociólogo de la Universidad Complutense lo resume con contundencia, “hoy ya tenemos una España mestiza. Hay que asumir que lo somos”.

 
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